La Isla del Coco perteneciente a la República de Costa Rica y ubicada en el océano pacífico (5°31′N, 87°4′ W) a aproximadamente 530 km de la costa, no es una isla más en medio del inmenso azul; por el contrario es todo un personaje, vivo y con características únicas que han forjado su propia historia y magia con el paso del tiempo.
La celosa isla, guarida de piratas, perfecto escondite de botines y tesoros, permite ver solo un poco de sus secretos en algunas rocas cubiertas con inscripciones de antiguos buques, de marinos errantes y de piratas temidos. Inscripciones de figuras y formas indescifrables, talladas en años remotos por piratas sin rostro y sin nombre, describen en clave secreta la ubicación exacta de algún botín enterrado y nunca reclamado por su dueño. Pareciera que existiera alguna especie de maldición para quienes llevaron a esconder sus botines en la isla, porque ninguno pudo jamás regresar a recuperarlo.

Tiburones Martillo en Isla Cocos / Juan David Cortes
La isla caprichosa nunca ha devuelto ninguno de los valiosos tesoros de oro, plata y piedras preciosas, ahí depositados a lo largo de la historia y valuados en miles de millones de dólares hoy en día.
Esta pequeña isla, también ha sido fuente de inspiración para novelas (como Robinson Crusoe), para películas (como Parque Jurasico) y para crear muchas leyendas que han atraído a un sinfín de cazadores y buscadores de tesoros, quienes han llegado a la isla llenos de ilusión y han regresado con las manos y bolsillos vacíos.
La isla se ha tragado todo el oro, sí, pero ha dejado ver otros tesoros imposibles de valuar en oro o en monedas: su riqueza natural.
La ubicación geográfica de la isla, su difícil acceso y las muy particulares condiciones de humedad, vientos y corrientes marinas han permitido que la Isla se convierta en uno de los sitios naturales privilegiados a nivel mundial. Orgullosa representante de una diversidad biológica singular, de una gran variedad de especies endémicas y de una fauna marina exuberante, la isla dejó de ser un escondite de ladrones para convertirse en un parque natural, protegido por las leyes de Costa Rica, y un sitio único en el mundo para bucear que ahora atrae a científicos, investigadores, biólogos, videografos, fotógrafos e importantes producciones de documentales de las principales cadenas televisivas a nivel mundial y otras producciones como La Isla de los Tiburones, SharkWater, etc.

En realidad es difícil entender por qué esta pequeña isla en medio del pacífico, con tan difícil acceso, atrae a tantas celebridades del mundo natural, del buceo, de las grandes producciones de documentales, de editoriales de revistas, libros y guías de peces hasta que uno está ahí.
La aventura que comenzó varios meses atrás, con mucho trabajo y ahorro para reservar y conseguir uno de los exclusivos 14 lugares que conformarían la expedición, contando los días para viajar, revisando constantemente las páginas de internet del barco, de la isla, leyendo sobre los buceos, pasando saliva por lo maravilloso de las fotos, mirando documentales, preparando cada pieza del equipo de buceo, dándole su apropiado mantenimiento: lámparas, reguladores, aletas, chaleco, computadoras, housing de la cámara y hasta consiguiendo a última hora ese traje de neopreno adecuado para hacer 4 inmersiones al día, por fin, se cristalizó al llegar a Punta Arenas, Costa Rica, cargados de maletas llenas no solo con equipo y cajas secas con cámaras, sino llenas de ilusión y respeto por conocer uno de los mejores sitios de buceo en el mundo hoy en día. Allí fue donde abordamos el Undersea Hunter, embarcación que nos llevaría hasta la remota isla y nuestro hogar por los siguientes 10 días, fuimos cálidamente recibidos por su fantástica tripulación y un delicioso coctel de frutas para el calor.

Después de 36 horas de navegación en el Undersea Hunter, un barco originalmente construido como nave de apoyo para submarinos con fines de exploración científica, adaptado en 1990 para convertirlo en lo que es hoy, un fantástico operador de buceo capaz de llevar la comodidad de la vida moderna y todo lo necesario para bucear a lugares naturales recónditos y salvajes como la Isla del Coco, Edwar (Cruise Director y Dive Master) avisó que habíamos llegado y esa noche dormiríamos en una de las bahías de la Isla. Además nos habló sobre los detalles de los grupos (azul y amarillo), lanchas, lugares de las inmersiones, y en sí todo lo necesario para la operación del día siguiente, 26 de Noviembre, nuestro primer día de buceo en la Isla de los Tiburones.

Foto: Juan David Cortes y el UnderSea Hunter
Es fácil escribir los detalles técnicos de las 27 inmersiones que se realizaron en la Isla: tres inmersiones diurnas y una nocturna por cada día (excepto el último que no se hace nocturno por el inicio de la travesía de regreso), visibilidad entre los 15 y 24 metros, temperatura del agua entre 26 y 24 grados centígrados, la mayoría de las inmersiones con corriente moderada aunque hubo algunas inmersiones en las que se tuvo que cambiar el sitio del buceo por la corriente tan fuerte, el viento, el mar picado y en sí las condiciones muy difíciles para bucear. Profundidades máximas de 120 pies (36 metros), inmersiones de máximo 60 minutos sin descompresión gracias a que todas las inmersiones fueron con Nitrox. Aunque la verdad, más de una inmersión y si no es que todos los buzos terminamos haciendo buceos de descompresión. Porque como escribí antes, mencionar los detalles técnicos de las inmersiones no es cosa complicada, pero tratar de convertir en palabras la majestuosidad de los sitios de buceo llenos de vida, buena temperatura y buena visibilidad no es nada fácil; y más difícil aún era hacerle caso a la computadora de que había que empezar a ascender cuando ya marcaba más de 5 minutos de descompresión para abandonar a los tiburones ahí en su hábitat, en sus estaciones de limpieza, en sus corrientes, en sus cañones profundos y perderse momentos increíbles sumergidos en aguas azules plagadas de peces.

Atún Aleta Amarilla (fuera de la lata) / Juan David Cortes
Seguridad ante todo. La operación de buceo la tienen bastante estudiada, calculada y preparada. Desde que los pasajeros abordamos el barco encontramos un tanque etiquetado con el nombre de cada uno y un número de identificación; un lugar reservado con nombre y etiqueta para colocar nuestro equipo de buceo mojado, para colgar trajes de neopreno, y una sección seca para las cámaras y housings. Todo en perfecto orden y preparado.
La operación dividió a los buzos en dos equipos, el azul y el amarillo, permanentes y asignados cada equipo a una panga que nos llevaría a los sitios de buceo cada día. Una vez que la tripulación subió el equipo de cada buzo a las pangas no se volvió a bajar de ahí hasta que regresamos a tierra. Ahí mismo en la panga las mangueras de las cascadas de aire y oxigeno llenaban por presiones parciales nuestros tanques con Nitrox. Todo perfectamente calculado y en verdad bastante cómodo para los buzos.

Buzo con Rebreather y Tiburón Martillo / Juan David Cortes
Con la encomienda de la seguridad ante todo, las paradas de seguridad (hmm … de descompresión!) eran de por lo menos 10 minutos y el tiempo total de los buceos no pasaban los 60 minutos, que en realidad era justo lo que el suministro de gas de los tanques alcanzaba, ya que muchas de las inmersiones llegamos a pasar hasta 25 o 30 minutos a 100 o 110 pies de profundidad cautelosamente acomodados detrás de las rocas para ver pasar las escuelas de tiburón martillo que llegan a la Isla para aparearse o para ser aseados en las llamadas, estaciones de limpieza.
“¿Qué más se puede pedir?” – me preguntaba constantemente – “si aquí solo se puede bucear, bucear, comer, dormir y bucear”. Al salir de cada una de las inmersiones nos esperaba en la cubierta una ducha con agua caliente, toallas secas, alguna jarra de té o chocolate caliente, agua, fruta, empanadas y sándwiches para los intervalos de superficie. Y todas, absolutamente todas las comidas: desayunos, comidas y cenas, magníficamente preparadas, elaboradas y exquisitas. Simplemente fantástico.
Seguridad y comodidad son un plus en la expedición, no cabe duda, pero aquí lo importante y de lo que nos falta hablar, está bajo el agua.
No hay inmersión mala en esta Isla mágica llena de tesoros submarinos. A cualquier hora y en cualquier sitio de buceo de los que rodean la isla siempre habrá incontables tiburones punta blanca dando vueltas alrededor de los buzos sin prestarles mucha atención. Otros muchos puntas blancas aprovechan las horas del día para descansar en alguna cuevita, o simplemente en un gran echadero que más bien pareciera un aeropuerto con decenas de tiburones (aviones) estacionados esperando la noche para salir a cazar.

Tiburones Puntas Blancas de Arrecife / Juan David Cortés
El tráfico es constante; cuando no son los puntas blancas, entonces son inmensas marble rays que van y vienen como bailando, sonrientes, con sus faldas a un ritmo que hipnotiza, pero sin ocultar su amenazante aguijón.
Pegados a las rocas, rodeados de jureles de muchos tipos, ídolos moros y una cantidad incontable y abrumadora de peces buscamos las estaciones de limpieza. Esos puntos únicos en la inmensidad del océano donde un grupo de barber fish están revoloteando en la espera del anfitrión.

Frogfish: Guardián del Tesoro / Juan David Cortes
El objetivo es ubicarse en semicírculo alrededor de la estación de limpieza, no muy cerca para no estropear el show con nuestras ruidosas burbujas. Esperando, atrás y agarrados de las rocas, de pronto el azul total se ve marcado de unas manchas largas que vienen a gran velocidad: los anfitriones han llegado! Con sus chatas cabezas y esa forma de nadar majestuosa, la escuela de tiburones martillo se acerca. Algunas veces pasan de largo y no vuelven. Otras tantas pasan y se quedan dando vueltas. Poco a poco los tímidos gigantes se aproximan, van ganando confianza y seguridad hasta que alguno baja la velocidad al mínimo y pasa suavemente, podría decirse, que silenciosamente, a través de la estación de limpieza. Los barber fish entran en frenesí, la fiesta a comenzado y revolotean alrededor del gigante martillo que dócilmente se deja limpiar. Los buzos, simplemente no lo pueden creer, estos monstruos, temidos del mar, en realidad son dóciles, tímidos y temerosos del hombre, que por tan solo unos pocos segundos nos permiten ver lo gris brillante de su piel, las fibras de sus músculos moverse al nadar, y los ojos muy abiertos siempre alertas… hasta que de pronto un buzo no puede aguantar más la respiración y deja salir el chorro de burbujas que asusta y ahuyenta al anfitrión de la fiesta. Motivo suficiente para que los buzos de recirculador saquen chispas por las fotos que se no alcanzaron a tomar y también un poco de risa por los buzos de circuito abierto.

Tiburón Martillo / Juan David Cortes
La fiesta con los martillos es constante, en todos los buceos, uno, dos, diez y a veces hasta cincuenta tiburones pasan a tan solo unos metros de nosotros. Pero no son los únicos invitados ahí. Enormes tiburones galápagos llegan a investigar qué es todo ese alboroto de flashes, burbujas, aletas, emociones, casi gritos y frenesí.
Un día nos invitaron a conocer el trono donde vive un fuerte y viejo tiburón punta plateada. En alguna batalla del pasado (quizás contra los pescadores y aleteros piratas taiwaneses que depredan la zona ilegalmente) una de sus aletas pectorales se fracturó. Ahora vive cerca de esta roca en forma de trono donde el tiburón pasa sus días esperando alguna presa desprevenida y la visita de los ojos alertas de los buzos que vienen a rendirle homenaje y tomarle fotos.
Dese allí, pendiente abajo por el arenal habita otro simpático personaje de la isla. El pez murciélago, rápido, astuto, se camufla y no es fácil de encontrar, aunque sus labios rojos y vivos lo delatan desde lejos y sin más remedio se deja retratar.

Juan David Cortes
En esta isla no solo se trata de ver tiburones, aunque es su máximo atractivo, hay colonias de Eagle rays, que pasivamente nadan entre los buzos buscando alimento debajo de las piedras. Es solo cuestión de esperar con paciencia para ver como utilizan sus cabezas trompudas para levantar las rocas, darles vuelta y extraer el alimento. Si los buzos son observadores, también podrán descubrir unos enormes frog fish que habitan en el islote llamado Manuelita (sitio preferido de buceo en esta expedición), ver a los caballitos de mar bien camuflados, y unos jardines de coral magníficos, enormes y saludables, cosa rara en estas latitudes del pacífico.
Cuando la acción en las rocas y laderas de la isla disminuye se puede hacer una exploración a las aguas azules, con suerte se pueden ver y nadar con amigables delfines, pero lo que no falla, gracias a la buena sensibilidad de los dive masters, es encontrar esos enormes cardúmenes de jureles ojones. Enormes, es poco, a lo lejos pareciera que es algún bajo o roca sumergida, pero en la medida que la corriente nos lleva hacia esa mancha oscura descubrimos que la roca se mueve, nada, come y resplandece metálicamente contra el sol y el azul.
Montañas vivas de jureles nadando y que permiten a los buzos meterse en su grupo, nadar con ellos y divertirse dando vueltas. Solamente hay que tener cuidado porque como lo vimos una vez, los tiburones punta negra están cerca y cruzan como torpedos el cardumen buscando alguna presa desprevenida para almorzar.

Tiburón Puntas Blancas de Arrecife / Juan David Cortes
Como muchos lo saben, de día la fiesta es buena, pero lo mejor viene al anochecer. Con un poco de frio después de tres inmersiones durante el día, es hora de preparar las lámparas y llegar puntuales para la hora de cenar. En la oscuridad los peces del arrecife se esconden bajo las rocas y corales y el fuerte y excelente cazador, el jurel verde, sale a patrullar seguido de una larga fila de tiburones puntas blancas, no tan buenos cazadores como el jurel verde, pero si astutos y aprovechados para atrapar a la presa en los momentos de confusión. Y así transcurre toda la noche, un eterno juego del gato y del ratón (o del jurel y el pez?) que ayudados por las luces de los buzos, los jureles aprovechan para cazar. El frenesí de la alimentación es impactante, tal cual un espagueti de tiburones unos contra otros, unos sobre otros, retorcidos, todos luchando por una parte del botín. Los buzos emocionados, nadan con cierta tranquilidad cada uno buscando encontrar el mejor momento de acción durante la cena, hasta que esa noche vino de visita un enorme tiburón tigre, que puso la fiesta más allá de todo posible frenesí. Imposible olvidar la última noche en que el dive master insistía en que el grupo (que no hacía caso de las instrucciones) nadara junto para poder ver mejor la acción de los puntas blancas cazando. Entonces apareció un enorme tiburón galápagos que fue el único capaz de hacer que el grupo de buzos se compactara. Esta vez no por las indicaciones del dive master, sino por la sorpresa de ver un ejemplar de ese gran tamaño junto a nosotros durante toda la inmersión.

Después de 7 magníficos días de buceo nos despedimos con el atardecer de esta hermosa y verde isla, llena de cañones y barrancos, rica en agua dulce y cascadas. Por fortuna deshabitada, para reducir el impacto ambiental, y solamente coloreada por una pequeña y rustica base permanente de guarda parques que hacen un intento casi heroico por cuidar, proteger y preservar la isla y su zona protegida contra los barcos piratas de la mafia tawianesa que corrompen a funcionarios gubernamentales y amenazan la conservación de este santuario natural.
Conocer, ver, oler, sentir y bucear en la Isla del Coco no tiene igual. Simplemente es un lugar que hay que conocer y el que se debe apoyar para conservarción. Combatir desde nuestras trincheras la caza ilegal del tiburón y evitar a toda costa el aleteo. Hay medidas sencillas como no acudir a restaurantes donde se vende y promociona la aleta de tiburón como platillo exótico, difundir entre nuestros conocidos que los tiburones no son monstruos come humanos, sino que por el contrario, son una especie amenazada por el hombre, tímidos, frágiles y temerosos y que si los desaparecemos estamos condicionando nuestra propia supervivencia al poner en jaque el equilibrio marino.
Yellow Team
- Jorge Robles
- Alejandro Ochoa
- Jorge del Valle
- Enrique Del Moral
- Michael Swait
- William Collard
- Alberto
- Fernando
Blue Team
- Alina Vazquez
- Alejandro Huerta
- Héctor Cervantes
- Andreas Jaschek
- José Luis Espinoza
- Alberto Ruiz
- Juan David Cortés
Para saber más:
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