Revillagigedo, con todas sus sílabas, había sido una palabra que siempre oí repetirse entre los buzos. Un lugar, contaban, con tintes de leyenda donde las mantas te acarician y los tiburones te conceden entrar a conocer su refugio. Hoy retrocedo un año exacto y me veo tomando una decisión: "voy a ir a Revillagigedo, voy a ir. Lo sé. Tengo que ir, porque quiero ir... "
Finales del 2010, las semanas corrían y la lista iba llenándose con amigos. La ansiedad de los últimos días fué insoportable. Cierre de año, graduación, compromisos, trabajo, y el tempo se aceleraba acercando el viaje que, yo sabía de antemano, me venía a cambiar la vida. No quería dejarme ir antes de subirme propiamente al barco. Pero la última noche no pude más. La pasé permitiéndome imaginar lo que venía, disfrutando el veinte que me cayó hasta solo unas horas antes de partir: "es un hecho, voy a ir a Revillagigedo. Me voy mañana."
LUNES 27 DE DICIEMBRE 2010
Vuelo Guadalajara - Los Cabos |
Doble check. Triple check. Repaso la lista y creo que no olvido nada. Algunos enviamos el equipo de buceo por paquetería semanas antes. El mío me esperaba ya en San José del Cabo, casi una parte de mí que se adelantó y me llevaba ya ventaja en el viaje.

Volar siempre me ha parecido más un acto de magia que un producto de ingeniería. Mientras volamos, ahí abajo el Mar de Cortés se entrega al Pacífico, entre los dos se intercambian nutrientes, ingresan y se despiden enormes viajeros en enormes cantidades: cachalotes, ballenas, delfines, tiburones. Qué ganas de abrir el piso del avión y dejarme caer al agua... Mi caída sería suavizada por la sábana de nubes que se teje y desteje, dejándonos ver a ratos la superficie del mar, de este lado.
Volamos casi todos de Guadalajara a Los Cabos. Llegando ahí, nos esperaban dos grandes amigos llegados del DF y otros más. Ahora sí, ya estando todos, un transporte nos trasladó a nuestro hotel en San José del Cabo donde pasamos la última noche en tierra antes de abordar. Conocimos a nuestros dive-masters y a Dora quienes nos recibieron con una sonrisa, un briefing y un barco enorme estacionado a la vuelta de la esquina.
1.
Antes de dormir caminando por la arena, toco el mar con la punta de mis pies, el agua salada sube por capilaridad a mi cerebro invitándome. Me llegan unas ganas de entrar al mar e irme nadando hasta allá, pero no. Hoy no, mañana tampoco. Hasta pasado mañana entramos al mar. |
MARTES 28 DE DICIEMBRE 201
Travesía de ida, San José del Cabo a las islas Revillagigedo |
Subir todo a la camioneta, ahora subirlo al barco. ¡Pero qué cantidad de cosas llevamos!
Mochila de equipo, otra mochila de equipo, una más, otra más, ésta es de ropa, aquí vienen unos tanques, en la cubeta vienen cosas del rebreather de Beto, más maletas ¿y esa caja? ¡Ah! Mi cámara. Sylvia viene conmigo. Sylvia Earle, mi cámara. Llévola a descubrir y viajar conmigo, es mi memoria de respaldo visual portátil, mi dive buddy y gran amiga, con todo y su traje de buza.

Los que seguimos abajo en el muelle, recorremos el barco con ojos enormes y corazón al borde. Los primeros en subir tiemblan y gritan de emoción, recorriendo pasillos y asomándose por la borde. El Rocío del Mar nos sonríe desde su muelle como si le hicieran cosquillas, la tripulación nos recibe con la misma sonrisa. "Suélten amarras ya" pensamos todos al unísono.

|
Un rápido tour por el barco:
Al entrar: la plataforma de buceo, de donde nos subiremos a las 2 zodiac con las que cuenta el barco. Subiendo la cubierta de buceo tiene todos nuestros tanques ya esperándonos, acomodados en estaciones individuales de buceo donde podemos colocar nuestros equipos, ganchos para los wetsuits, y mi punto favorito del barco: la mesa para cámaras... aquí dormirá Sylvia. En esta cubierta, también están los camarotes, pero el mío se encuentra en la tercer cubierta, la misma de la sala de tele, la terraza y el cuarto del capitán, Lolo. Hasta arriba, la cuarta cubierta es un sun-deck. Hasta abajo, bajando por las escaleras, la cocina y el comedor. "Nadie quiso quedarse atrás" dice Dora refiriéndose a los integrantes de la tripulación, a quienes ya conocía pues habíamos viajado juntos al Mar de Cortés. Más amigos, un barco lleno de puros amigos, dificilmente superable. |
Después de una breve introducción sobre el barco y las reglas, arreglé mi camarote. Literas. Abajo, mi roomie Alina, con quién también compartí aquel viaje a Mar de Cortés, en la cama de arriba, yo. "Que diferente será esta vez todo, no roomie?". Para matar el tiempo salí a armar mi equipo y dejar todo listo. Mi tanque me miró ilusionado "¿ya?" Le regresé un suspiro sin respuesta. Subí al sundeck donde estaban todos, e investigué... nos faltaban 20 y tantas horas de navegación. De nuevo, suspiro.
Un suspiro me respondió, allá a lo lejos: ballenas jorobadas. Desde el sun-deck inicia el registro fotográfico de vida marina, se suman pájaros bobos, tortugas que se asomaban a respirar en pleno viaje, buzos tirados al sol, leyendo, platicando, escuchando música, mirando el horizonte. La superficie del mar cambia minuto a minuto. La textura, el color, el oleaje, las formas. Recorreríamos cientos de kilómetros sin ver tierra, más nunca el paisaje es igual.

|
2.
Avanzamos con rumbo fijo, la línea de la tierra no es más que un recuerdo mientras intentamos alcanzar el horizonte. Somos realmente afortunados de estar aquí, rodeados de 360° de mar infinito. Adiós tierra, hoy será día de travesía. |
MIÉRCOLES 29 DE DICIEMBRE 2010
Travesía - Llegada a San Benedicto |
La primer noche a bordo siempre es emocionante. La segunda también, y la tercera y la cuarta... Dormir sintiendo el mar mecer la cama, soñar con el mar mientras escucho su voz narrarme historias a través de la almohada. Despertar con un poquito de mareo, y hambre, y mareo.
En un barco, cada detalle tiene su gracia, desde la rutina matutina en un bañito que se tambalea hasta el vértigo de bajar por las escaleras al desayuno. Los madrugadores compartían un café y los detalles del día: en unas horas más llegaríamos a San Benedicto, primer parada.

A lo lejos una tímida línea sobresale sobre el horizonte. Nos acercamos y la visibilidad aumenta, revelándonos su esplendor. Flotando en medio del mar como un tazón de ceniza derramada, la ladera del volcán de San Benedicto parece la piel de un tiburón vista desde un microscopio. Háblese de simetrías, macrocosmos y microcosmos. Pasamos a su lado, sintiéndonos pequeños. Ni un animal a la vista, algo de musgo en esta isla de ceniza, de inhóspita belleza. Allá, mucho más allá, se levanta un pico traslúcido. Isla Socorro nos observa, sabe de nuestra llegada.

Decir "¡Dive time!", "¡A bucear!" o sonar la horrible corneta era como sonar una campana de primaria para salir al recreo. Bastaba esperar unos segundos para ver subir de la cocina, bajar de la sala, y salir de camarotes y rincones a una fila de escuincles de todas las edades. En segundos estaban todos en cubierta, disfrazándose de buzos -algunos de astronautas- y minutos después estábamos dando el paso de gigante para caer al agua.
Caimos en un tono de azul nuevo. Por fracciones de tono, el color del mar varía de sitio a sitio, día a día, metro con metro. Este lugar, a juzgar por el tono del azul, iba a ser algo especial. No tuvimos que esperar mucho para que empezaran a aparecer siluetas nuevas, peces que nunca había visto. Todo es muy parecido, muy Pacífico, pero todo es diferente: las ballestas son diferentes, los cirujanos son diferentes, las morenas también son diferentes. Algo que me habló muy bien del estado del lugar fueron los pulpos y las langostas: estaban por todos lados, vivos, no transitando tranquilamente por su territorio, no temiendo al sartén o a los pescadores. Los tiburones no esperaron tampoco, primer inmersión y los buzos ya reportan haber visto puntas blancas y tal vez un galápagos.
 |
3.
De todos los peces, el que más esperábamos ver es el ángel Clarión, que es endémico de las islas Revillagigedo. Fiel a la cita, y excelente anfitrión, salió a darlos la bienvenida desde el primer minuto de la inmersión. Es mucho más grande de lo que lo había imaginado... y mucho más anaranjado. Nos observa como si supiera que venimos de tan lejos, y en el universo que hay dentro de sus ojos, descubro una curiosidad y asombro hacia nosotros. |
JUEVES 30 DE DICIEMBRE 2010
El Boiler, San Benedicto |
Día dos, los divemasters entraron temprano al agua para fijar un ancla en un bajo conocido como "El Boiler". Mientras, en la cubierta de buceo el rumor del día es que vamos a una zona "infestada" de mantas. Nunca había visto una, la emoción me domina, me traba al armar mi equipo. ¿Será hoy, ya me toca?
 |
Ya equipados y en el agua, nos indican que hay que tomarse de la línea de popa y seguirla hasta topar, dar vueltas a la piedra y regresar de la misma manera. La seguimos, descendiendo en un delicado ángulo, recorriendo más distancia horizontal que la que descendemos verticalmente, azul, todo azul. Me acuerdo haber pensado "con esta visibilidad y todo sigue siendo azul, debemos estar muy lejos todavía". Seguimos avanzando, bajando. De pronto de la cortina azul a nuestro lado izquierdo empieza a diluirse una silueta de un azul más profundo. Hay algo ahí. Aparece un gigante de piedra sentado sobre la arena, el fondo debe estar a más de 120 pies, y unos metros más adelante, llegamos a nuestro objetivo. El boiler parece un pastel de mil hojas, un libro viejo cerrado cuyas hojas han perdido la alineación perfecta del empastado. El escenario es monumental. Aún si estuviera desértico, la piedra desnuda es de una inexplicable rareza. Voy viendo al frente, abajo, a los lados, todo alrededor. De pronto un presentimiento.
|
¡Las mantas! Giro hacia atrás y ahí arriba, un rombo azul claro con cuernos contrasta contra el fondo blanco que encandila desde el cielo. Es enorme, se desliza hacia una silueta de buzo. Se acerca con curiosidad, lo examina y sigue su camino, sin más. "Aquí están, son ellas, ya llegaron las mantas."

El corazón se me está queriendo salir por la segunda etapa. Alto, respira, piensa, siente, continúa. Ya volverán. Fué una seguridad. Saber que estarían con nosotros largo rato. No tardaron en acercarse de nuevo. Con la distancia no había juzgado bien su tamaño, de pronto están a un lado de mí, encima de mí, por debajo de mí. Se mezclan con los buzos, todos panza arriba sin poder creer lo que ven. Un ser tan grande, enorme, inabarcables. Se mueven con una paz, en armonía y sin prisa. Llevan siempre sus rémoras fijas a la espalda, a las branquias, a las aletas. El grupo va nadando y definitivamente las burbujas atraen a las mantas, pues se posicionan encima de ellos siguiéndolos y buscando que las burbujas les recorrieran las branquias, disfrutando de las cosquillas -me gusta pensar que sienten consquillas y que esa boca enorme sonríe con ellas.

Amo la vida en un liveaboard. Es la mejor forma de un viaje de buceo. Bucear, comer y dormir, 3 de mis cosas favoritas. Apaga la alarma, levántate, vístete, desayuna, bucea; vuelve a desayunar, vuelve a bucear; come, descansa, comparte, bucea; descansa, cena, báñate, ver una peli, duerme. Sueña. Repite.
La primer inmersión con las mantas fué un alucine. Decidí no bajar la cámara para variar, hay que recargarle pilas y además, quiero bucear con ellas. Misma inmersión, mismo buceo. Podría hacerlo todos los días. El Boilter tiene una serie de escalones cada 30 ft, y en el último me detuve, un poco alejada de la piedra. Una silueta a mi misma profundidad se acerca y va tomando forma de manta.
 |
4.
Viene nadando directamente hacia mí. Me quedé inmóvil, queriendo desaparecer para no molestarla... pero claramente ella me ve, está consciente de mi presencia y más aún, me busca. Se acerca hacia mí, a su ritmo en cámara lenta, permanezco inmóvil ¿me hago a un lado? ¿bajo? ¿subo? demasiado tarde, la tengo a menos de un metro y no le veo intensiones de cambiar de rumbo... mi única opción fue girar hacia atrás, quedando boca arriba. Tengo encima sus branquias, puedo ver la textura de su piel, si ella tuviera un ombligo, estaría alineado con el mío. Y así me fui, nadando con ella, a menos de un metro de distancia, sin tocarla, sin golpearnos, como los bancos de peces que nunca chocan entre sí. Saber que un ser de ese tamaño está consciente de tu presencia, busca tu compañía y te disfruta. A esa distancia no podía verla completa de lado a lado. Exhalo con fuerza para hacerla reir y veo como ella dirige mis burbujas por su cuerpo. Así nadamos, en un minuto o dos que duraron horas, sintiéndo una conexión invisible pero sumamente real.
Iba nadando hacia atrás y de pronto choqué con algo. Ella reaccionó torpemente, como si saliera de una relajación, se asustó y salió aleteando en dirección contraria. Por ir de espaldas choqué con un buzo, Erick. Bien hecho, veo mi aire y queda poco... |
Al subir por el cabo del ancla, en la parada de seguridad nos envolvía siempre una nube de sandías. Su color blanco o naranja pálido contrasta con el azuldel fondo, donde podemos ver todavía a varias mantas jugando con algunos buzos. No los dejan ir, ni ellos se quieren salir.
VIERNES 31 DE DICIEMBRE 2010
Isla Socorro
|
Por la noche nos trasladamos en silencio hacia Isla Socorro. Una isla imponente en tamaño y paisaje. La más grande del archipiélago, tiene en el centro el volcán Evermann, y una combinación de texturas y terrenos desde la punta hasta el fondo arenoso. Piedra roja, piedra blanca, laderas delicadas cubiertas de un fino pastito verde, acantilados filosos, playas de arena y zonas de roca volcánica que se bañan con las olas.

Salimos en las zodiac a bucear en Cabo Pearce. En esta inmersión no llevo mi cámara. Bajamos a más de 100 ft. La pared se levanta completamente vertical y continua el patrón de texturas que tenía en superficie solo que ahora son azules y negras, adornadas por esponjas, langostas, estrellas y erizos. El grupo avanza hasta el final de la pared y ascendemos a menor profundidad donde doblamos a la izquierda. Al doblar, una corriente en sentido contrario nos intenta expulsar de ahí, no puedo bajar a pegarme a la piedra y así avanzar más fácilmente pues me queda poco tiempo de no descompresión. Estamos ahí, a media agua, pataleando y giro atrás para ver donde vienen los demás... todos en las mismas, pataleando y pataleando. Reconozco unas siluetas, ahí va Agustín, por allá el Guaraní... ¿y esos que se acercan tan rápido más atrás?
 |
5.
¡Delfines! Un grupo de 5 ó 6 nadan contra corriente sin ningún esfuerzo. Un despliegue de diseño y adaptación hidrodinámica perfecta. Intento que no se me salga el corazón con las burbujas que exhalo... ¿viene hacia mí? Uno de los más grandes se separa del grupo y va nadando hacia mí con su sonrisa indeleble y su carita divina... ¡Hola! Me saluda, me pasa por encima, luego por abajo, una, dos, casi tres vueltas y yo: girando con él como batidora. De pronto se va nadando contra corriente, sin despedirse y con su sonrisita.
|
No sé si fué por evitar que se me saliera algún órgano vital de la emoción, o por quitarme un ligero mareo (que bien podría ser síntoma de esa misma emoción) se me ocurrió tomarme un Dramamine "infantil". Error, gravísimo error. Después de desayunar y tomarme un té subí a la cuarta cubierta -el sundeck- donde nos reuníamos a tomar el sol como iguanas y recuperar algo de calor... Caí, en un sueño profundo y pesado. Después no sé bien cómo, estaba en mi litera intentando levantarme para ir a bucear pero mis brazos pesaban toneladas y lo único que logré fué girar sobre mi costado y acurrucarme mejor. Por más que intenté convencerlo, el hipopótamo que había decidido sentárseme encima no se quiso mover... Entre sueños escuché la corneta, y el hipopótamo aún no se movía. Entre sueños me asomé y vi las zodiac partir, después las vi volver. Me perdí un buceo, no me vuelvo a tomar un dramamine.
 |
Saliendo de la tercer inmersión el Rocío del Mar subió anclas y le dimos la vuelta a la isla. Caga ángulo es completamente diferente. Allá arriba bien podría ser una altiplanicie del centro de México; al girar un poco más, aparece La Comarca con sus laderas verdes y tiernas. Entre ellas, corre una carretera. Isla Socorro tiene una estación militar donde están los marinos que salvaguardan las islas como territorio mexicano. Es obligación del barco ir a saludar y dejar que unos marinos inspeccionen las instalaciones. Cosa de unos minutos y emprendemos de nuevo la marcha.
Esa noche fué año nuevo. Cenamos exquisito y brindamos con champán. Después una fiesta amenazaba con iniciarse, una fiesta donde la mayoría de los asistentes estaban demasiado cansados para llegar a media noche. Hubo algo de baile, por supuesto, con el Compañeri Héctor Cervantes a bordo no podía faltar... a mí me costó llegar a las 12. Me sorprendieron acurrucada en un sillón de la esquina. Buenas noches, feliz año y a dormir... bueno antes, iré a la punta a recibir el año de frente. |
Mi lugar favorito en un barco: la proa. La sensación de ir navegando contra el viento, full speed ahead, con todo el barco detrás, nada al frente y las olas separándose a unos metros bajo mis pies. Abro los brazos y voy volando, solo un pequeño barrote de metal me sostiene. Lástima que aquella cursi película haya ridiculizado esta sensación, una que me trae los recuerdos más lindos de mi papá y su velero.
Esa noche en el cielo no hubo luna. Algo nublado, no hay estrellas tampoco. Una sensación abrumadora para año nuevo, cierre e inicio de ciclos, avanzar a ciegas a toda velocidad hacia una obscuridad absoluta. Sentada en la proa con los ojos más que abiertos, intento ver a donde nos dirigimos, como si de eso fuera a saber hacia donde irá mi año, siento el viento sacarme lágrimas de los ojos y por más que intento ver no veo nada. Solo puedo oler el sabor del mar en el aire, sentir la sal que flota en el viento y escuchar el ritmo de las olas romperse bajo mis pies... con unos chapoteos arrítmicos y de pronto unas risitas y unos suspiros.
 |
6.
¿Serán? Corro por mi cámara, disparo un flashazo para ver en medio del negro total. Corro por los demás... ¡Delfines! ¡Delfines en la proa! Cuatro o cinco buzos sacan la cabeza por la proa, intentando ver lo que hace esos ruidos ahí abajo, algunos ilumianando con linternas, otros disparando el flash de sus cámaras. Cuatro o cinco delfines sacan todo el cuerpo brincando en la proa, algunos brincan, algunos sonríen, algunos nadan de lado para vernos. Todos coquetos, posando y riendo para las cámaras. Nos estaban mostrando el camino, guiándonos hacia Roca Partida. |
Mucho se ha estudiado sobre la anatomía de los delfines. ¿Cómo pueden desplazarse tan rápido bajo la superficie, con tan pocos movimientos de la cola? Sí, la aleta caudal al final de su cola es poderosísima, pero verlos nadar aparentemente sin esfuerzo a esa velocidad, por tanto tiempo, y sin cansancio, brincando, compitiendo entre sí y manteniéndose siempre al frente del barco me hace pensar -y me recuerda- que no sabemos aún nada sobre ellos, y tan poco del mar en general.
SÁBADO 1 DE ENERO 2011
Roca Partida |
Alarma, abrir los ojos al año nuevo. Antes de asomarme por la ventana sé lo que veré en ella y respiro profundo. Sospecho que desde entonces esa inhalación no me ha abandonado, no ha salido de mí esa visión de madrugada: ahí, entre el marco de la ventana, Roca Partida tal cual, como en los libros, como en las fotos y a un salto de distancia.Montones de aves descansando sobre ella, agotadas de un largo viaje. ¿Viajan de dónde? Ni idea, de todos lados. No hay nada en todo el horizonte, solamente la Roca Partida, otro barco de buceo y nosotros.

Abordar las zodiacs fue la cuota por adelantado que todos teníamos que superar para llegar a la isla, descender por una escalerita vertical de la cual había que dar un brinquito a bordo, en medio de una conmoción de olas que azotaban el barco. Ahora sí, estamos en medio del mar. Ni una isla que nos proteja de las corrientes de mar abierto, ni un banco de arena que calme las grandes olas... Allá a lo lejos la Roca Partida nos observa, las olas la golpean con fuerza despertándola y avisándole de nuestra llegada.
 |
7.
Conforme nos acercamos su tamaño crece y el mío disminuye. Nunca antes una piedra me había provocado tanto respeto y admiración. Un monolito que se levanta solitaria y valiente sobre un fondo de arena haciendo frente a las fuertes corrientes del Pacífico, guardando la entrada a México. Nos acercamos lo más posible a la roca, las olas se elevan y caen un par de metros, desnudándola y cubriendola en la base. Antes de caer al agua siento una sensación completamente nueva, sin ponerle nombre ni buscarle semejanza, sé que es algo que solo estando ahí sentí, debe ser algo que aparece con la paz de disfrutar la soledad y la distancia. Estos días que la recuerdo, lo siento de nuevo, respiro, cierro los ojos y me traslado a ese lugar. Lo que vimos debajo del agua, superó todo lo que antes había visto. |

La piedra bajo la superficie es un rascacielos, un rascafondo. Las paredes parecen haber sido arañadas por enormes uñas, grietas verticales descienden por todas sus caras y desde nuestra profundidad de ciento y tantos pies, alcanzamos a ver desde arriba como esas líneas empiezan a aparecer desde la luz del sol y se disuelven en el azul profundo del fondo. Las paredes están forradas de coral, esponjas y una especie de musgo verde y azul muy tenue que brilla de un rojo intenso bajo los disparos del flash.
Tal como había visto en fotos, la piedra tiene varias cuevitas o huecos en su pared, donde tranquilamente se acuestan a descansar los puntas blancas, tiburones de hábitos de alimentación más nocturnos. En una ocasión vimos hasta 7 acostados, unos sobre otros practicamente abrazados, tomando la siesta y con los ojos bien alerta. No puedo decir con seguridad cuántos vimos, estaban por todas partes. No eran pocos los que circulaban alrededor de la piedra como nosotros, siempre unos más arriba, siempre otros más abajo, sin alejarse de la piedra, patrullando cara rincón. Me llenó de esperanza ver tiburonsitos de 40 centímetros. Imaginaba ser uno de ellos, creciendo antes de partir a mares lejanos. "¿Y tú donde creciste? En Roca Partida".

Además de los puntas blancas, había otros tiburones vecinos dando la vuelta a la cuadra: galápagos, puntas plateadas y por supuesto, tiburones martillo. Y claro, nubes y nubes de peces -jureles sobre todo- en cantidades increíbles. Las sandías por montones no podían faltar, y alrededor de la piedra cúmulos de maripositas barberas circundaban dándole piquetitos a la piedra como si estuvieran llenándola de cariño.
Navegamos alrededor de la piedra y mientras vamos ascendiendo a menor profundidad. A los 50 pies ya se siente la marejada y nos alejamos de la piedra soltando boyas para avisar a superficie que ya vamos de regreso. Primero aseguro la cámara, saco la boya, le aseguro el carrete y le pongo aire para que salga como papalote a superficie, siguiéndola con la mirada y de pronto allá donde la piedra empieza a desvanecerse en el azul del mar, veo pasar algo tan común fuera del agua como increíble bajo ella: un atún aleta amarilla entra y sale de escena tan rápido que al salir todos preguntaron si los demás lo habíamos visto... Un animal enorme, rapidísimo y brillante, una silueta inconfundible. Nunca había visto uno tampoco. Palomita a la lista de animales nuevos que conocí en Revillagigedo: atún, vivo, fuera de la lata.
DOMINGO 2 DE ENERO 2011
Roca Partida
|
Muchos pasaban los intervalos de superficie en la sala de televisión, pero en Roca Partida se pasaban en cubierta, boquiabiertos y sin palabras, simplemente admirándola. Utilizando las imágenes del recuerdo de las inmersiones anteriores para atravesar con la mirada la superficie e imaginar lo que platicaban los tiburones ahí abajo, las risas de las maripositas y el sonido de las olas contra las paredes.
Segundo día en la roca, vamos de nuevo a hacer la misma inmersión que hicimos el día anterior 3 veces... y podríamos seguir haciendo siempre. Aunque era el mismo recorrido alrededor de la roca, nunca una inmersión se sentía en el mismo lugar. La vibrante variedad de vida que ahí se hospeda o va de paso hacen de cada segundo un cuadro de acción, siempre algo está sucediendo, cambiando, dejándose observar. Basta de imaginar, estoy a punto de caer al agua de nuevo.
 |
8.
Maroma hacia atrás, salir para recibir a la cámara y rápido a desinflar el chaleco. Hay algo de corriente por lo que no podemos demorarnos en superficie pues nos apartaríamos demasiado de la piedra... Voy cayendo en cámara lenta que cada vez se acelera más. Mientras descendemos tengo que patalear contra corriente para mantenerme cerca de la piedra, un segundo de distracción y la piedro de vista, quedando suspendida en medio de un azul que me envuelve en todas las dimensiones. Nado, compensando los oídos y mientras desdoblo el brazo de uno de los estrobos de la cámara, vuelvo a compensar oídos, y lo atornillo en su lugar.
Checo la inclinación, que encienda y todo funcione bien... y sigo bajando, compenso oídos. ¿Profundidad? 60 pies. Sigo bajando horizontal, paralela a un fondo que no veo y nunca verá y a la superficie que quedo atrás, muy arriba. Sigo cayendo, mi vista concentrada en terminar de ajustar el segundo estrobo y de pronto ahí abajo un par de siluetas conocidas suspendidas unos metros por debajo de mí: dos tiburones martillos. Inmediatamente prendo cámara, estrobo uno, estrobo dos, sigo cayendo, levanto la vista y los dos tiburones martillos están practicamente a un metro de mí, y yo a punto de caerles encima. Inyecto aire al chaleco para frenar mi velocidad de descenso y veo en la computadora, 130 y cacho pies. Reaccionan mucho más rápido que yo. Alcanzo a tomar un par de disparos mientras sigo cayendo y practicamente me terminan quedando arriba. Por fin freno. Los veo alejarse y ahí a mi lado, mis compañeros buzos todos con una misma expresión y un eco de latidos se escapa de los trajes de neopreno. Nunca los habíamos tenido tan cerca. Me recupero, sigamos nadando. |
Mi experiencia con los martillos casi me roba la respiración, pero después la historia de Beto me llenó de admiración. Mientras nosotros casi caíamos encima de unos cuántos, allá, mucho más abajo, iba Beto silencioso con su rebreather. Supimos después que se separó del grupo, descendió mucho más que todos y se alejó a una punta de la roca que recibía las corrientes de frente. Desde su posición profunda y escondido tras el silencio de su recirculador pudo ver pasar por decenas, nubes de tiburones martillo que nunca sospecharon que los observaban. La famosa foto que muchos han tomado: siluetas a contraluz de muchos martillos pasando por encima, algo que él y solo él logró ver.

Al salir de la última inmersión nos separamos de la Roca, soltamos boya y esperamos ahí... Viendo como la corriente nos aleja de ella, la perdemos dentro del azul. Me despido con un beso al agua y un hasta pronto. Las sandías aparecen en la parada de seguridad con el mensaje de siempre: ya hay que salir, ya hay que salir. Esas últimas inhalaciones, últimos metros antes de salir a superficie, eran las últimas gotas de un sueño embriagante del que costaba salir. Sin saber donde había quedado la piedra, al sacar la cabeza el lado opuesto de la piedra se revelaba como el lado oculto de la lunacon todo su esplendor.
Elevan anclas y el Rocío del Mar se aleja a toda marcha justo al atardecer, dejando atrás el poniente, un cielo anaranjado y una silueta que iba haciéndose chiquita con los segundos. El horizonte se mantenía siempre distante y la Roca Partida iba haciéndose chiquita como si se estuviera sumergiendo a dormir y a
descansar después de nuestra breve visita de dos días.

LUNES 3 DE ENERO 2011
San Benedicto |
Despertamos a un paisaje conocido. Estamos de nuevo en San Benedicto, quién nos vió llegar ahora nos verá partir. Las paredes escarpadas de ceniza vuelven a asombrarnos como si nunca las hubiéramos visto, las escamas de arena de la ladera del volcán pasaron a ser el telón de fondo de las fotos grupales. Todos estábamos ahí: Beto, Hector (el compañero Cervantes), Agustín y Silvia, mi roomie Alina, Juan José (Sensei), José Luis (Chespi), Óscar (Makako), Juan David (Guaraní), Miriam, Deyanira, Erick y Luis Nevid (las Princesas), Carmen y Edgar (La Güerita y La Osa) Luis y Samuel, Priscila y Jesús y toda la tripulación:
Dora y Lolo, Ramón e Iván, Julio, Ever, Tito, Ángel, Pedro, Aurelio y el Capi.

Último día de inmersiones, donde iniciamos, terminamos. El cansancio ya se nota en el grupo en general, pero no hay ninguna señal de falta de ganas de bucear. Las últimas inmersiones no fueron menos especiales, en la última inmersión nada menos que un tiburón ballena se acercó a desearnos buen viaje, aunque por supuesto, yo no lo vi... estaba muy ocupada tratando de memorizar el tono exacto de azul del agua, aunque dicen que me pasó a unos metros...
Todos en el barco traen una playera con las 7 especies de tiburones que se supone que se pueden ver en estas islas. Solamente uno nos faltó, el tiburón tigre... aunque cuenta Dora que vió algo muy grande y rayado que nos seguía en Isla Socorro, justo antes de los delfines. ¿Podría haber sido el tigre que completa la lista?
- Tiburón tigre / Isla Socorro (???)
- Tiburón martillo / Roca Partida
- Puntas blancas de arrecife / en las 3 islas, predominante en Roca Partida
- Puntas plateadas / Roca Partida
- Silky / visitantes nocturnos mientras pasábamos la noche anclados en San Benedicto / posibles avistamientos en Isla Socorro
- Galápagos / Isla Socorro y Roca Partida
- Tiburón Ballena / el menos probable, se apareció el último día, San Benedicto
 |
9.
En el intervalo una zodiac se acercó a la isla, a echarle un vistazo más íntimo a la textura de las paredes... Entre el barco y la isla encontraron muchas mantas, enormes y tranquilas, alimentándose de plancton en la superficie. Visor, aletas y snorkel en la mano, un grupo fuimos a observarlas, aunque pareció no importarles mucho. Como grandes alas deltas, se deslizaban sin esfuerzo por el agua con su enorme boca abierta, haciendo pasar toneladas de agua a través de sus branquias para alimentarse. Por momentos, me parecía que no solo no les molestaba nuestra presencia, sentí que nos recordaban. |
Útima inmersión: el Boiler. Aquella roca de mil hojas donde las mantas nos hacían sombra, la expectativa de volver a verlas estaba en todos, sin embargo, en esa última oportunidad no se dejaron ver. Recordatorio de lo impredecible del mar, una solemne muestra de nostalgia de su parte, y una invitación a volver. No la última noche a bordo pero sí la última en territorio de las islas, la tripulación nos preparó un banquete especial de despedida en el sundeck, la cuarta plataforma. Carne asada, guacamole, quesadillas, salsas... No faltaron las cervezas, vinito, música y baile. Las historias empiezan a transformarse en leyendas mientras los recuerdos se van transformando en memorias compartidas.
Esa noche dormí en cubierta. Me pareció que una ocasión así no podía dejarse pasar. Había traído de contrabando un sleeping con el firme propósito de pasar la noche al aire libre, algo que había querido hacer desde el viaje a Mar de Cortés. Me aseguré bien entre las sillas y un kayak, aunque el mar estuvo tranquilo durante la noche y no había ningún peligro de caer rodando por la borda... Esa noche respiré el aire más limpio que recuerdo. Frío y húmedo y a mitad del Pacífico, con olor a mar y el viento colándose por la cara.
MARTES 4 DE ENERO 2011
Travesía de regreso a San José del Cabo |
Desperté en altamar, aún con 360° de horizonte, y un sol brillante en un cielo totalmente despejado. El día de travesía de regreso pasó como el de ida, pero totalmente al revés. La expectativa era ahora satisfacción, la ilusión, nostalgia. Repasábamos las fotos, las inmersiones, los libros de especies marinas y a buscar cómo pasar el rato. Un enorme buque transatlántico cargado de miles de contenedores empezaba a recordarnos el mundo al que teníamos que volver, lleno de gente, ruido y asfalto. Yo cierro los ojos y respiro profundo, a veces eso me basta. Por la noche, como todas las noches, nos reuníamos en la terraza a jugar cartas, scrabble o platicar. También en la sala de televisión a ver películas hasta quedarse dormidos.
MIÉRCOLES 5 DE ENERO 2011
Llegada a San José - Vuelo a Guadalajara |
Última noche a bordo, ya empacados y casi listos para bajar. Pisar tierra firme se siente raro, el piso deja de moverse y el cuerpo, al seguir con su inercia, parece desubicarse. Aquí no termina el viaje, afortunadamente. Cuesta terminar el relato así, en tierra, donde inició. Como cuesta creer a veces que en verdad fuimos, por la simple razón de que fué una experiencia por demás increíble.
 |
10.
Es lo grandioso de la memoria, estar escribiendo esto ahora, viendo y viendo las fotos e intentando recuperar detalles de cada cosa, me transporta más de 700 km al oeste, me sumerge en las fotografías y hasta me da frío de agua. Estando allá el tiempo desaparece, y puedo quedarme debajo del agua el tiempo que quiera. Y ahí, cada que regreso me encuentro con alguno de ustedes, los compañeros buzos, que sentados en su oficina se toman un respiro, cierran los ojos y regresan a Revillagigedo, un lugar del que ahora podemos contar nosotros con tintes de nostalgia, que estuvimos ahí, fuimos hasta allá, donde las mantas tapan el sol y los tiburones te observan desde el interior de sus ojos ausentes. |
Más imágenes en galería de Picasa
Video del viaje a Revillagigedo Dic 2010 - Ene 2011
Más información Revillagigedo (Wikipedia)
Deja tus comentarios
Video del viaje a Revillagigedo Dic 2010 - Ene 2011
Por: Juan David Cortés
|